SAT: UNA VENTANA ÚTIL PARA LA RECUPERACIÓN DE LA HOMEOSTASIS NEUROLÓGICA EN EL TRATAMIENTO DEL LATIGAZO CERVICAL.

El latigazo cervical traumático debe comprenderse y tratarse ser desde una visión amplia, es decir, no únicamente como el típico desequilibrio físico estructural a la que se ve sometida la columna cervical. El gran desequilibrio en el que la persona se verá inmersa a consecuencia del impacto traumático tiene una resonancia a nivel neurológico, sistémico, postural, emocional, etc.

En el accidente, la energía cinética del impacto penetra como un cuchillo a diferentes niveles de profundidad en la matriz tisular del paciente, ya que ningún mecanismo de reacción de protección muscular ejerce una amortiguación del impacto. La persona no es consciente del traumatismo al que se verá sometida. Se trata de una situación de absoluta sorpresa.

Una vez descartada cualquier fractura severa en la columna cervical del paciente se le suele prescribir un tratamiento conservador antiálgico acompañado de rehabilitación, etc. Es bastante frecuente que estos pacientes lleguen a nuestras consultas después de un largo peregrinaje de tratamientos desde diferentes disciplinas de la salud sin encontrar mejoría alguna.

De hecho, sucede todo lo contrario: su clínica ha empeorado, pasando de una primera fase de dolor y rigidez cervical, a una amplia situación clínica. El paciente, de manera progresiva, empieza a empeorar hacía una rigidez total de las cervicales, a padecer dolor en otros niveles de la columna que incluso llega a zonas muy inferiores como el sacro o el cóccix. De hecho, en muchas ocasiones termina desarrollando coxigodineas por la adaptación al impacto.

Otros signos y síntomas muy comunes son la sensación de inestabilidad a la bipedestación, incluso al caminar; agotamiento al estar de pie de una manera económica para las actividades normales del día; sensación de dificultad de enfoque en la visión; visión doble; sensación de pesadez en la cabeza; cambio en la motilidad intestinal; hinchazón de abdomen y aumento de presión a nivel de la esfera urogenital; piernas cansadas; dificultad al conciliar el sueño, etc. De hecho, es muy frecuente que, pasados unos meses, empiece a producirse un cambio en su estado anímico que puede terminar en una depresión.

Toda esta cascada sintomatológica nos demuestra que no estamos ante un accidente simple para el cual solo tengamos que aplicar un tratamiento antiálgico; será imperativo tener una visión más amplia de lo acontecido.

Si observamos el movimiento agresivo al que se ve sometido la columna durante el impacto (de ahí que el nombre de la lesión sea “Latigazo cervical”) y la anatomía implicada en profundidad, sin quedarnos en lo inmediatamente evidente (la estructura ósea), podemos comprender que ha habido algún tipo de repercusión a nivel del sistema nervioso en la altura de las cervicales altas, en el tronco cerebral. A partir de este punto, sin entrar de una manera específica pero sí desde una visión funcional y clínica, será necesario tener en cuenta la fisiología de este nivel para comprender la posible evolución de los pacientes.

En el momento justo del impacto, el tronco vertebral recibe una gran cantidad de energía cinética traumática, sin que ésta esté reducida por las estructuras musculares ni superficiales o profundas de la columna cervical. Desnudo de cualquier protección a este nivel del sistema nervioso, podemos deducir consecuentemente un posible derrame tisular neurológico. No me estoy refiriendo a una lesión traumática severa, sino a mínimos derrames intercelulares y concretamente de los núcleos motores que configuran el vestido del sistema reticular. Recordemos que el manto de núcleos motores de la sustancia reticular a nivel del tronco cerebral, entre el bulbo y el mesencéfalo, aseguran la función antigravitatoria, accionando el mecanismo agonista y antagonista de los músculos profundos extensores de la columna para sostenernos de pie contra la gravedad y proyectan el centro de gravedad dentro del polígono de sustentación.

Estar de pie es una condición tan natural para los humanos que olvidamos que es un sistema de evolución de millones de años, en el que participan sofisticados bucles sensores motrices generadores que, a través de múltiples y refinados reflejos, aseguran el ortostatismo, es decir, el apilamiento de las diferentes piezas óseas, en especial el eje de la verticalidad de la columna vertebral y el equilibrio dentro de su sistema de curvas. En un instante, toda esta armonía de equilibrios físicos se ve alterado por la rotura de la homeostasis neurológica tras el traumatismo inesperado. El inter juego facilitador e inhibidor de la musculatura agonista y antagonista extensora de la columna delante de un derrame intercelular se verá totalmente alterado.

Es importante tener presente que el tronco cerebral es el puente de conexión entre vías de niveles superiores, como el sistema límbico (hipotálamo, hipófisis), con las vías inferiores a nivel del sistema nervioso. Es un marcapasos entre el sistema Ergotrófico y Trófo-trópico, vital para la homeostasis entre el sistema catabólico y humeral (adrenalina, cortisol, etc) con el sistema anabólico (insulina, recuperación, sistema inmunitario).

Nos encontramos delante de una disfunción de salud y supondrá todo un reto poder cambiar dicho estado. Ya en el primer momento de la palpación de la columna cervical, percibimos que no se trata de una disfunción somática típica. Nuestras manos sienten una columna cervical totalmente bloqueada en la que ningún segmento vertebral tiene capacidad de moverse con libertad funcional. Todo está congelado, todo está frío. Tenemos una sensación clara de falta de vitalidad en los tejidos; percibimos una calidad eléctrica, neurológica o, mejor dicho, de vibración en su interior, probablemente la misma fuerza traumática sumergida en el interior de la matriz tisular. A diferencia de la típica disfunción facetaria, en la que se verá bloqueado el segmento únicamente en algún parámetro de su movilidad, en un latigazo cervical nos encontraremos con las llamadas lesiones posicionales, es decir, segmentos vertebrales que estarán inmovilizadas en todos los vectores de movimientos a consecuencia de la energía contenida en el interior de los tejidos tras el traumatismo.

En el abordaje de SAT, el terapeuta debe establecer una relación íntima con los tejidos de la disfunción posicional a través de la observación y la quietud mental para poder comprender en que profundidad tisular se mantiene la lesión y a qué calidad tisular necesita ser ajustada para avanzar hacia una mejor condición. Se trata de ofrecer nuestra mano en calidad de fulcro y observadora para que el tejido se expanda y pueda ir hacia un mayor estado de salud.

Más importante que encontrar la lesión primaria que mantiene el sistema en desequilibrio es reflexionar sobre cómo identificar el segmento más prioritario a tratar por ser éste el que facilita más cambio en la salud del conjunto. Para ello debemos de tener un visón global, funcional y clínica.

Nuestro trabajo propone restablecer el equilibrio de las curvas a través del ajuste de los pivotes vertebrales, especialmente a nivel de las cervicales altas, que son las principales afectadas en el latigazo cervical. Nuestro tratamiento tendrá como efecto reencontrar la armonía del sistema de tensegridad de los tejidos en el interior de las curvas vertebrales, por el hecho de armonizar el tono de las fibras tónicas de los vectores de fuerza responsables del equilibrio del hombre en bipedestación encima de la tierra y, con ello, favorecer a una mejor expresión de toda la fisiología.

Sin embargo, ni tan siquiera el hecho de identificar la vertebra prioritaria a tratar ni la ejecución de una técnica de SAT con gran habilidad y precisión será suficiente para facilitar un cambio satisfactorio en estado del paciente. En este sentido, será condición indispensable para tener éxito establecer un vínculo único de comunicación entre las manos del terapeuta y el tejido del paciente, con el fin de comprender a qué nivel se encuentra la disfunción y en qué intención tisular necesita ser ajustada. Todo ello desde un estado de quietud mental del terapeuta y fulcro neutro del tejido, haciendo coincidir en un espacio temporal de quietud para que el potencial de salud de la lesión se pueda expresar con toda su amplitud y así avanzar hacia el cambio. La estructura lesionada, con un estado más denso del que le correspondería, podrá mejorar en la medida que le demos un fulcro suficiente para que las fuerzas lesionales se puedan resolver y avanzar hacia un estado de más expansión.

El tratamiento de SAT nos permite ajustar la vertebra posicional prioritaria a tratar según la posición en el espacio en que se ha instalado, sin generar un enfrentamiento con la barrera motriz que la mantiene congelada. El campo de movimiento oscilante en el que entramos todo el raquis cervical y el resto de la columna permite que nos mantengamos en un estado de suspensión encima de la barrera motriz, evitando una reacción de los tejidos hacia nuestras manos. Esto favorecerá que podamos encontrar una ventana de parada (fulcro) en la estructura que nos de acceso al ajuste desde la observación calmada. Con una simple comprensión, aplicaremos todos los vectores de fuerza en nuestra maniobra, necesaria para invertir la posición del segmento y liberar la energía del impacto al que fue sometido.

Teniendo en cuenta que se trata de un abordaje minimalista, entre el trabajo estructural y funcional, trataremos por sesión un único segmento protagonista y dejaremos que el cuerpo haga el resto. Aunque nuestra intervención terapéutica puede parecer limitada, tendremos que advertir al paciente que no es infrecuente que en las siguientes 48 horas pueda padecer ciertas molestias, ya que el cuerpo entrará en un proceso de auto equilibrio hacia un nuevo estado de salud.

A pesar de mi intento de poder aportar algo en esta redacción: LO QUE REALMENTE FUNCIONA NO ES LO QUE YO PUEDA DECIR, SINO SABER CONECTAR CON EL TEJIDO DEL PACIENTE PARA ESTABLECER UN DIÁLOGO QUE LE PERMITA AVANZAR HACIA LA SALUD.