La consciencia, un susurro en flotación.

Como docente y clínico en Osteopatía,  escuchamos, hablamos, discutimos,  que para avanzar en la salud, como persona, como  terapeuta, y también como estudiante, es del todo necesario ir hacia una consciencia superior, hacia una profundidad de mirada que nos transmute a una nueva y mejor realidad, es decir a un estado renovado y  más saludable; de hecho, si observamos cual es  la gran dificultad  que tenemos las personas en nuestra vida es que nos sumergimos y ahogamos en el sufrimiento de nuestros propios pensamientos alejándolos de la mirada de nuestra propia consciencia.

 

Pero, ¿qué es  la consciencia y el pensamiento?¿ son diferentes?, ¿donde está la consciencia?,  ¿de donde viene?,¿ consciencia y pensamientos es lo mismo?

 

La realidad, y diría  la  debilidad impuesta por la ciencia basada en la evidencia,  aunque para ser justo creo firmemente que está cambiando, es que cuando surge la realidad subjetiva, como es el caso de  la consciencia,  es decir, aquello que  no se explica a través de un método que analice los fenómenos observados más a  través de un sistema de medición en el que se puedan  explicar la causalidad de los mismos, …si esto no es posible, …entonces  se concluye   que  aquello no puede ser, que no es verdadero…incluso se llega a considerar que no existe.

 

Hoy en día, en lo que llamaríamos el mundo moderno, para que algo lo demos por cierto  tenemos la profunda necesidad de darle un marco conceptual, una definición previo a un consenso entre expertos en la materia; en el caso de la consciencia que es de lo que hoy tratamos, sí se  he llegado a un acuerdo, y es que  no la podemos medir,  por lo que no la podemos definir; no podemos establecer una teoría de donde viene ni donde está instalada;  seguramente la consciencia  es como el espacio, tiempo, energía… no es nacida, ni desaparece, ni tan solo es física, pero si se puede transformar en nuevas condiciones renovadas de consciencia hacia un nuevo nivel;  la consciencia seguramente no reside en el cerebro, pues estaría limitada en una estructura física; como ya se escribió hace 150 años, “ frotando luna neurona no haremos surgir la consciencia”; sin embargo, sí tiene características, la consciencia nos da claridad, nos ilumina de lo que es certero o no en nosotros mismos.

 

Si bien hemos sabido adiestrar a nuestro cerebro primario & reptil, el mismo que  hace millones de años nos ayudó a sobrevivir, ahora vivimos con un exceso de cerebro cortical & cognitivo y  en desequilibro con nuestro sistema límbico & emocional; nuestro reto debería  de ser el de ponerlos en convivencia para evitar de ir hacia el alejamiento del sentir y  ahogarnos en nuestra propia la cascada de  reacciones químicas hormonales.

 

Des del trabajo que hacemos des de  la Osteopatía, a través de la estructura somática y con una mano muy entrada, sentimos como podemos establecer un estado de armonía en el ritmo de la función tisular  en el eje límbico : tálamo- hipotálamo- hipofisario y las diferentes glándulas del cuerpo,  facilitando un estado de equilibro mental; en esta quietud, el paciente podrá observar des de su consciencia en flotación el domino de sus propias aflicciones mentales fruto de apariencias engañosas dando como fruto pensamientos que lo esclavizan; con este estado de observador los pensamientos se desvanecerán y con ellos el sufrimiento…apareciendo un estado renovado de consciencia.

 

Es una responsabilidad absoluta como profesional de la salud unir la ciencia con lo contemplativo, “ trabajarse hacia dentro, y el hacia fuera” encontrando  una de convivencia entre estos dos saberes igual de necesarios para vivir en salud.